
Zuera vive políticamente aletargada por el inmovilismo del partido y de los dirigentes políticos que en estos momentos son responsables de su ayuntamiento. La característica que mejor define al PP de Zuera es esa carencia de actitud para tomar la iniciativa, generar mejoras e intentar que las cosas sucedan utilizando con responsabilidad los medios de que disponen. Algo muy propio de los ultraconservadores.
Dos ejemplos claros de este mandato son la falta de presupuestos municipales y la prórroga de la concesión a Aqualia, cinco años más y sin contraprestación, del servicio de aguas. El primer caso se explica fundamentalmente por la incapacidad de los dirigentes del PP para gobernar en minoría, por su aversión al debate y por la posibilidad de que el Pleno pudiera modificar el sueldo de alcalde y concejales. Es decir, al PP lo paraliza tanto su incompetencia como el interés personal y el miedo a perder un estatus conseguido a través de la política.
El segundo muestra además, esperemos que solo sea eso, una profunda esclerosis ideológica: el PP ha preferido mantener en la gestión de un servicio tan importante como ese, sin plantearse cualquier otra opción, porque así lo formula el abecedario neoliberal, a una empresa que ha demostrado trabajar única y exclusivamente defendiendo su cuenta de resultados, antes que iniciar una renovación que pudiera llegar si es preciso a su remunicipalización.
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